En Barranquilla, Colombia

Carmen Raish: el corazón vestido de Carnaval

  • Carmen Raish, construye puentes desde el Carnaval de Barranquilla. (Fotos María Alejandra Villota Ramírez y Archivo particular)
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  • Carmen Raish, construye puentes desde el Carnaval de Barranquilla. (Fotos María Alejandra Villota Ramírez y Archivo particular)
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  • Carmen Raish, construye puentes desde el Carnaval de Barranquilla. (Fotos María Alejandra Villota Ramírez y Archivo particular)
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  • Carmen Raish, construye puentes desde el Carnaval de Barranquilla. (Fotos María Alejandra Villota Ramírez y Archivo particular)
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Por Carlos Villota Santacruz, Corresponsal de NOVA en Colombia  

Barranquilla es mucho más que una postal viajera. Es una ciudad en el caribe colombiano con inconfundible acento “costeño”. Que se siente y se vive con más fuerza en época del Carnaval. En medio de hombres, mujeres y niños, a pocos metros de la vía 40, sentada en un banco  Carmen Nacirisi Raish Pacheco, cuenta los minutos para el inicio de la cita cultural, el pasado 25 de febrero de 2017. La temperatura, bajo el sol alcanza los 35 C. Para ella, la vida debe tener sabor. Eso se aplica en la forma como se vive, se ama, se baila y se goza.

Es que la capital del departamento del Atlántico, es la casa del Carnaval de Barranquilla, Patrimonio de la Humanidad, Carmen está orgullosa de su ciudad y dichosa de vivir en ella. Es urbe cosmopolita –tierra de inmigrantes- que de acuerdo a estudios públicos y privados, es la más dispuesta del mundo hacer prevalecer la sonrisa sobre la tragedia.

No está en ese lugar por accidente. Lo hace desde el corazón vestida de Carnaval. Su historia se resume de la niñez. Creció entre máscaras, disfraces, polleras de cumbiamberas, garabatos y letanías. Esa alegría la lleva en la sangre, gracias a una tradición familiar que se remonta a la década de 1960, que se convirtió mucho más grande e importante el 28 de enero de 2.005, cuando su padre, Félix Raish Manzur, amaneció muerto luego de haberse acostado la noche anterior sin ningún tipo de quebranto de salud. “Encontró la muerte al acostarse y no levantarse”, dice con lágrimas en los ojos, mirando al cielo, en una especie de plegaria.

“Recuerdo que ese día a las 5:15 a.m. sentí una fuerte punzada en mi mientras dormía, le dije a mi esposo, nene me voy a levantar que me da miedo el dolor que estoy sintiendo de repente, salí a trabajar al Municipio de Juan de Acosta, donde laboraba, en el camino recibo la noticia de mi hermana Patricia, fue algo increíble, doloroso, sin explicación alguna, pensar que el ser que me complacía durante mi infancia en todos mis deseos, que estaba tan ligado a mí, que sentí qué le ocurría con mi propio cuerpo en el instante en el que le daba el infarto”, añade.

Todo sucedió como preámbulo a “La Guacherna”, un desfile callejero del Carnaval de Barranquilla, que se realiza una semana antes con faroles. Su creadora fue la novia de la ciudad Estercita Forero. Toma aire y comenta  “al regresar repentinamente a casa, luego de la noticia recibida por la muerte de mi padre, pues estaba viajando a mi lugar de trabajo para ese entonces, la decisión era viajar de inmediato a Cartagena ciudad donde falleció, al llegar mi madre que con el respeto y manejo de situación de ser una de las muchas mujeres de Don Félix, decide no ir al sepelio, pero manda una razón para el conmigo, “dile al Mono que lo quise mucho” con lágrimas en sus ojos. En ese momento respete su decisión de quedarse en Barranquilla, sin embargo pasando las horas decide acoger la invitación de mi hermano mayor Carlos quien había contratado una camioneta para viajar los familiares desde Barranquilla, y con gran alegría estando en la funeraria veo llegar a mi Domy, la abrace y me senté junto a ella porque sé que por dentro en medio de su dolor, dio el paso más grande que una mujer con un amor compartido toda una vida, podía sentir en ese momento. Fue inmenso y legendario, haberme atrevido aprovechando que una de las señoras del Mono, pasaba por junto a nosotras, a presentarlas, logrando que se dieran la mano, y escuchar como una le preguntaba a la otra como estaba. Que gran mujer Domitila, toda una dama hasta la muerte”.

Llega el Sábado de Carnaval 5 de febrero de 2.005, recuerda Carmen en su relato, a  Domitila, quién le acompañó en medio del dolor de las dos, “pues solo había pasado una semana luego del fallecimiento del ser, al que sin querer se convirtió en el culpable de que ella sintiera el gusto del Carnaval con sus hijos; al llegar a la puerta del salón de belleza, no di para entrar, manifestándole a Domy que nos fuéramos para la casa, esa sería la primera vez en 32 años que no saldríamos las dos en una Batalla de Flores, así fue, estuvimos las dos viendo el desfile por televisión, llorando por mi papá y por el Carnaval; al día siguiente Domitila se levantó temprano y me sacudió diciéndome que ese domingo sí debía salir, a lo cual con gran tristeza accedí, con una cinta negra en mi brazo derecho, desfile por medio del cumbiodromo con la sonrisa por fuera y con el dolor y la tristeza por dentro, esa es la prueba que nadie llega imaginarse cuán grande es mi Carnaval para mí, Domitila decidió ese año quedarse en casa”.

“Pasaron los meses y notaba que mi Domi, -continua- se encontraba triste y pensativa, ella por dentro se recriminaba, por la inesperada partida de mi papa, vivía preguntándose por que el, si ella era la que sufría de algunos achaques de salud, aun así el primero en partir había sido El Mono”.

“La enseñanza más grande que he recibido de Dios, es como el amor une a los seres humanos, cinco meses después de haberse ido Don Felix, Domitila enferma un 14 de junio de 2.005, nos preparó por espacio de 11 días para su partida, luego de sufrir una aneurisma cerebral, que se desconocía sufría. Se fue de este mundo y con ella banderas, música, nuestros llantos, palabras hermosas, pero lo que no se llevo fue su tradición de la cual me siento responsable, con la gran tarea de escoger a quien se la cederé, es decir en que miembro de la familia quedará. Hoy con orgullo digo que Domitila supo escoger en quien dejar la mejor herencia que un ser humano puede recibir, el amor por sus deseos reprimidos, los cuales  logre arraigar y desarrollar, prestándole mi vida para que viviera lo que no pudo en su propio ser, porque cuando tuvo la edad y las oportunidades no le fue permitido por su padre; es así como viví alegrías mediante el apoyo y la felicidad de ella”, manifiesta con un vaso de agua en la mano, para apagar el inmenso calor que acompaña ese instante, en cercanía de la vía 40.

La emoción en su rostro es inocultable. Con la canción “La atracadera” de Mariluz Contreras –cantautora aficionada- que se escucha en uno de los celulares de Juan Esteban Carreño, uno de tantos amigos de Carmen, la nostalgia se apodera de su ser. "La alegría que en mi interior se producía al ir desfilando por las viejas calles tan amplias como lo es la carrera 43, con la mirada de la gente en los alrededores de la heladería americana, bajando por lindo pie, encontrando al merendero, pasando por Carlos Dieppa, hasta llegar 3 o 4 cuadras antes del paseo de Bolívar, con el brisar del viento encarcelado por los monumentales edificios viejos que denotaban que ya iban cayendo las horas del día, para convertirse en noche, teniendo que hacer la entrada triunfal al círculo entre cerrado con vallas colocadas al frente de la estatua del libertador Simón Bolívar, donde debía mostrar ante un jurado porque era buena y debía seguir siéndolo”.

En aquella época, existían verdaderos disfraces que salían en grupo por  los barrios a rebuscarse con monedas amenazando a todo el que se les atravesara, con no dejar pasar o teñir con su cuerpo negro, si no se bajaban del bus con una moneda, dentro de los disfraces habían gorilas, negros, monstruos, etc. “Tradiciones que se han ido perdiendo”, recalca esta mujer con rostro de reina y un carisma, que se le salta por los poros.

Se ha preparado para desfilar. Su objetivo es hacer brillar esta manifestación folclórica, a través de su puesta escénica, que  se traduce en un baile, donde su vestido –con colores vivos- revive la tradición, cuyo origen se remonta a un festejo español, que llegó a América por los conquistadores, que una vez en lo que hoy, es Colombia, se mezclaron con las tradiciones africanas de los negros esclavos y las poblaciones indígenas.

“Hoy quiero volar, crecer, mostrar de que estoy hecha, llego mi hora. Nunca me alejaré del Carnaval, porque hay Carmen Raish para rato en el Carnaval de Barranquilla. Al desfilar agradezco a Dios por estar viva. También es un homenaje a otros que  descansan en paz. A la memoria de mi padre. No saben cuántas lágrimas he derramado añorando su presencia. Porque cuando salgo a desfilar, me visto de Carnaval. El Carnaval es más que vida, es trascender desde mis raíces culturales. A las que me aferro. Tiendo puentes al bailar por sus calles. Quién no conoce Barranquilla, ha escuchado en los cuatro puntos cardinales del planeta esa frase que dice: quién lo vive es quién lo goza. Una sensación de alegría que pasa de generación en generación. Mi padre germinó la semilla del Carnaval en mi corazón. Llegó el momento de rendirle un homenaje bailando. Bailando en la calle. En la vía 40. Todo por cuenta de mis raíces culturales, donde todo mi ser se viste de Carnaval", afirma a los cuatro vientos. Tanto que la brisa del caribe le acaricia la piel, a esta  mujer que con capacidad de bailar, se convierte en una Embajadora de la cultura cada año, en medio de aplausos, abrazos, sonrisas de quienes la observan. La siguen en medio de un bullicio sin igual.

Es más de una oportunidad, los aplausos para Carmen fueron de Roberto Esper Rebaje, fundador del Periódico “La Libertad”. Un medio de comunicación, que desde el 7 de abril de 1979, se convirtió en un una especie de laboratorio del periodismo regional.

Justo cuando la llaman para integrarse al desfile, cierra la conversación con estas palabras: “para él, mi respeto y mi admiración de ciudadana costeña. Elevo una oración en su memoria. Ahora, acompaña a mi padre, para escribir juntos la historia del Carnaval de Barranquilla 2017”.  

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