Sumisión diplomática: Filizzola acusa a Peña de subordinar la política exterior nacional a Estados Unidos
La política exterior del Gobierno de Santiago Peña vuelve a quedar bajo la lupa, esta vez por las duras críticas del senador opositor Rafael Filizzola, quien no ahorró palabras para describir lo que considera una diplomacia errática, dependiente y funcional a intereses ajenos al país.
Según el legislador, la administración Peña optó por una alineación automática con Estados Unidos que termina erosionando la credibilidad internacional del país. A su criterio, votar casi en espejo con Washington en foros como Naciones Unidas no es señal de firmeza, sino de debilidad.
Esa conducta, dijo, convierte a Paraguay en un actor predecible y subordinado, lejos de la tradición histórica de defensa de la soberanía.
Filizzola sostuvo que las decisiones del Ejecutivo no responden a una estrategia nacional clara, sino a intereses políticos internos del Partido Colorado, particularmente del sector liderado por Horacio Cartes.
En ese marco, cuestionó la idea de que la política exterior se construya desde afinidades ideológicas o simpatías personales, cuando en realidad los países actúan en función de intereses concretos.
Al referirse a Venezuela, el senador fue aún más crítico. Señaló que el conflicto no se resolvió en nombre de la democracia, sino del petróleo, al recordar el entendimiento alcanzado entre Estados Unidos y el chavismo para la venta de crudo.
Para Filizzola, el aval del Gobierno paraguayo a esa lógica, incluida la postura frente a acciones impulsadas por Donald Trump, expone una contradicción que deja mal parado al país.
En un escenario internacional donde, advirtió, prima la fuerza por sobre las reglas, el senador alertó que esa alineación es especialmente peligrosa para países pequeños. Acompañar sin matices una lógica que justifica el uso de la fuerza, dijo, puede volverse en contra.
Filizzola aclaró que mantener buenas relaciones con Estados Unidos es necesario, pero insistió en que eso no debe implicar renunciar a una política exterior propia y digna. De lo contrario, concluyó, la sumisión termina pasando factura y Paraguay pierde algo que cuesta mucho recuperar: credibilidad.







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