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NOVA en Ñacunday

Favero Cué, otra mirada del mismo conflicto

Federico Ayala, dirigente carpero, coordina las actividades del día. (Foto:NOVA)

Son muchos. Y están decididos. Solamente esperan el momento adecuado para volver a ocupar parte de las 162 mil hectáreas de las que el Grupo Favero y un buen número de colonos brasileros dicen ser propietarios. Hoy son 7.000, pero mañana pueden ser 10.000. Llegan incesantemente desde todas partes del país e incluso desde la Argentina.

Todo recién llegado debe reportarse con quién será su referente e inscribirse en una planilla, fotocopia de cédula en mano. Son 34 los grupos que se extienden a la vera del camino que atraviesa los sojales que se levantan prepotentes. Los fines de semana, cada miembro debe aportar diez mil guaraníes, que servirán para la compra de las provistas que se repartirán entre los integrantes de cada grupo.

Alrededor de las seis de la mañana, carperos y carperas mate en mano, se reúnen en el campo de deportes de la comunidad (por campo de deportes entiéndase el lugar donde están las improvisadas canchitas de fútbol y vóley). Allí, Victoriano López, Kiko Casco y Federico Ayala, los líderes Carperos, dan las noticias y coordinan las actividades generales.

López atiende el teléfono una y otra vez. A diferencia de los colonos, los Carperos no tienen una estrategia comunicacional ni un responsable de prensa que llame a los medios cada vez que necesite pasar una información. Acá no hay jerarquías y todo el mundo puede expresarse. Esto acarrea riesgos: una declaración en la que Victoriano López expresa el dolor que le provoca el escuchar que una mujer le confiese que es capaz de prostituirse para que él tenga plata para comprar el pasaje que lo traiga a Asunción a pelar por esta tierra, puede convertirlo en proxeneta.

Una madre, que orgullosa relata como tomó valor y dejo muy a su pesar hijos y esposo en Buenos Aires para unirse a la lucha y así tener la posibilidad de conseguir un pedacito de tierra que le permita volver a su país, puede aparecer como una mujer desalmada capaz de abandonar la familia con el objetivo de apropiarse de lo que no es de ella.

Terminada la reunión, los Carperos desayunan. El Reviro parece ser el alimento más popular a esta hora del día. Don Méndez me lleva a recorrer la zona, un puntito apenas visible en medio de las 162 mil hectáreas verde soja. A diferencia de los demás, Don Méndez habla poco, pero camina mucho.

El agua que se consume se extrae del mismo arroyito en el que las mujeres de la comunidad lavan la ropa; arroyito que seguramente es recipiente de buena parte de los agroquímicos con el que los colonos fumigan los cultivos.

Llegada las once, las cacerolas donde se hierve un poco de carne con verduras, porotos o fideos, empiezan a hervir. La comida escasea, y el menú no parece estar financiado por Hugo Chávez o el mismo Fernando Lugo, como descaradamente aseguran algunos.

Ni Favero, ni sus abogados han hecho mucho por demostrar que las tierras que ocupan y explotan son de su propiedad. Tanto ellos como los voceros de las diferentes asociaciones se han limitado más que nada a descalificar y deslegitimar el reclamo de los Carperos ante la opinión pública.

El hombre que todo lo compra

“Favero nunca pensó que se iba a encontrar con alguien a quien no iba a poder comprar” me dicen algunos de los miembros de la comunidad. Más tarde, Victoriano López me va a jurar que la han ofrecido “millones de dólares” para que abandone la lucha.

En la zona, es unánime la opinión de que “El Rey de la Soja” mantiene su poder y sus tierras “a platazo limpio”. A eso obedecería la fidelidad y ahínco con que defienden sus “propiedades” el juez de Santa Rita, Rafael Jacobo, el intendente de Paranambú, Pepe Duarte, y la mayoría de los parlamentarios, para los que aseguran esta zona “es un banco” de donde sacar dinero para financiar las campañas.

La supuesta agresión a la intendenta de Santa Rosa del Monday, María Victoria Salinas, tiene un “lado b” que muchos medios obviaron contar; esta señora junto con colonos brasileros fuertemente armados, intentó bloquear el paso de los técnicos del Instituto Militar encargados de realizar el ya célebre amojonamiento. Al parecer, Salinas tenía un motivo muy importante para evitar se efectuara la medición: su marido explota tierras en el lugar.

Para entender Ñacunday

El baúl del auto de Victoriano López desborda de papeles. Mapas, títulos, mensuras, documentos que el líder Carpero exhibe y despliega cada vez que debe explicar a alguien el porqué de esta lucha.

“Si ellos son los dueños de esta tierra ¿porqué nunca presentan los títulos que así lo demuestran? Fácil: son títulos falsos, y si los presentan, saben que terminaran en la cárcel” señala plenamente convencido, luego de años de investigar el origen de estas tierras.

Pero Ñacunday es mucho más que eso; es la oportunidad de estos seres olvidados de ser escuchados, de ser tenidos en cuenta, de ser protagonistas de la historia.

Ñacunday es el pueblo despertándose, cuestionándose su miseria y tratando de recuperar la dignidad.

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