Por José Maria Quevedo
Kattya acusó a Payo y Efraín de “satelites” y Yolanda salió a partirla por la mitad: “Ya es hora que crees un partido propio para conocer el sacrificio que hay detrás. Fácil es alquilar un partido para candidatarte y después salir a tirotear. Nosotros no somos los enemigos pero tu ego no te permite ver al elefante sentado en tu cocina” (Podríamos señalar que el remate de Yolanda tiene un tinte machista al ser su blanco una mujer -sabemos, asociar hoy mujer a cocina no es politicamente correcto-pero vamos a darle esa oportunidad a Johana Ortega, siempre atenta a este tipo de cuestiones).
Volviendo; Yolanda y Kattya son dos trenes chocando de frente a máxima velocidad. Una colisión catastrofica e inevitable. Un espectáculo trágico que los colorados disfrutan con pochoclo, mani o cervecita.
Cuando Kattya fue expulsada del Senado, revelé que eran quiénes la defendian en público los que le pedían a sus colegas colorados en privado que no la dejaran volver. Y una del as que calificó la expuslión de la exsenadora encuentrista de atropello fue, precisamente, Yolanda Paredes. Puro postureo, conveniente e inútil.
Efraín Alegre reapareció en redes sociales (¡te extrañabamos EA!) para hablar de un tema ¡que no debe ser tema!: “La fórmula de la unidad, es fácil; elecciones con el padrón nacional con todos los candidatos de la oposición, al ganador le acompañamos todos”.
A Efraín hay que reconocerle algo; es siempre el mismo, un ejemplo de coherencia en el error y la improvisación. Que Alegre reaperezca para afirmar que lograr la unidad es fácil, es prácticamente ponerle el clavo al ataud de la derrota.
El ”lider”que fue incapaz de lograr la unidad en 2023 ¿sale ahora a decir que ese es el menor de los problemas? Y un detalle; hoy en politica todo pasa por una cuestión de expectativas; así como los opositores toman el “vamos a estar mejor para castigar la gestión de Santi Peña, decir que alcanzar la unidad “es fácil” es un boomerang mortal en caso de no lograrla a nivel percepción pública.
Y lo más increíble es que Efraín propone aplicar el mismo método que aplicaron en 2023 y que generó la butal dispersión del voto anticipada en esta misma sección previo a la interna de 2022.
Unidad e improvisación
Mientras los colorados trabajan en la municipales como plataforma para las presidenciales, la oposición las pasa por alto. Para ellos lo único que importa es la elección presidencial y por supuesto; la manera de elegir la “fórmula mágica” que los deposite en el Palacio. Su estrategia es simple y no pasa por construirse como alternativa real de gobierno, sino por “convencer” (en sus términos) de que “cualquier cosa” (o sea ellos) es mejor que los colorados.
El mito de la unidad. Pero lo más grave quizás sea que basan todos sus pases de factura en una premisa falsa; perdemos porque no nos unimos. Lo lamento, pero no es así. Existe una larga lista de causales, donde la falta de unidad, no aparece. Voy a señalar algunas: los colorados trabajan mejor; tienen discurso, estrategia y disciplina para ejecutarla. Hacen campañas informadas, tienen iniciativa y agenda propia.
La oposición pierde porque no tiene discurso, desborda incoherencia, carece de disciplina y cree que “sus” problemas son los problemas de la gente. No es cuestión de unidad, es cuestión de que construir un espacio a partir del compromiso, la participación y un protagonismo silencioso (en este caso, un imposible).
Trabajan para Wiens. Así las cosas, los opositores están posicionando al exministro de Obras Públicas como la principal opción al cartismo, que no tengo dudas será presidente en 2028 si gana las internas coloradas.
La percepción. Los “opo” promueven una democracia que no practican y que hoy a nadie le importa. Son dos errores en un mismo concepto. Si hay algo que los autodenominados “sectores democraticos” no practican es la democracia y la participación. Sus tácticas pasan por imponer desde la tozudez. No dialogar, confrontar, contra quien sea y por lo que sea.
En los ‘80 e incluso los ‘90, la democracia podia ser un objetivo movilizador, pero una vez alcanzada, pasó a ser herramienta, una herramienta para alcanzar un nuevo objetivo, mejorar la calidad de vida de la gente. Si después de treinta años de democracia ese objetivo no se alcanzó, su valor como herramienta pasa a ser relativo. Y así lo dmeuestran los estudios que la oposición ignora.
Incapaces de renovar el discurso, hablan de “dictadura” y “autoritarismo” cuando lo que existe es la hegemonia de un partido, la ANR y de un movimiento dentro de ese partido, Honor Colorado, que hace lo que cualquier grupo hegemonico; consolidar y reproducir su poder.
Mientras los opositores sean simplemente eso, “opositores”, mientras su discurso se limite al “pase de facturas” y la atribución de culpas, tanto por el fracaso propio como por el ajeno, los colorados seguirán acumulando poder y sus movimientos internos, turnándose en la Presidencia de la República.







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