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Asamblea de la ONU

Taiwan le responde a China: “Somos un país libre y democrático que no forma parte de la RPC”

Lai Ching-te, elegido presidente en 2024 por el pueblo de Taiwán en elecciones libres y democráticas.

La Resolución 2758 de la Asamblea General de las Naciones Unidas se limitó a resolver la cuestión de la representación de “China” en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El texto de dicha resolución no menciona en ningún momento a “Taiwán”, no otorga mandato alguno a la República Popular China (RPC) para representar a Taiwán dentro del sistema de las Naciones Unidas, ni establece que Taiwán forme parte de la RPC.

Sin embargo, las autoridades de la RPC han promovido una interpretación política errónea y deliberadamente distorsionada de la Resolución 2758, buscando vincularla de manera forzada con el llamado “principio de una sola China”, el cual no cuenta con consenso internacional. A través de una prolongada campaña de presión e influencia, la RPC ha obstaculizado la participación de Taiwán en el sistema de la ONU, privando a sus 23,5 millones de habitantes de la posibilidad de contribuir de manera significativa al bienestar público global.

En realidad, la República de China (Taiwán) es un país libre, democrático y gobernado por un sistema de elecciones transparentes —un contraste evidente con el sistema autoritario de la RPC. Taiwán democrático es una realidad objetiva y de larga data, que constituye el status quo vigente en el Estrecho de Taiwán. Desde su fundación en 1949, la RPC jamás ha ejercido jurisdicción sobre Taiwán, por lo que carece de todo derecho para reclamar su representación.

En una democracia como la de Taiwán, es un principio básico que solo el gobierno elegido libremente por sus ciudadanos puede representarlos legítimamente en la comunidad internacional.

El gobierno del Partido Comunista Chino, que nunca ha gobernado Taiwán, no tiene legitimidad para interferir en la participación internacional de este. Las Naciones Unidas deben volver al sentido jurídico original de la Resolución 2758, rechazar su manipulación política y reconocer el papel constructivo y positivo que Taiwán desempeña en los ámbitos de la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible y los derechos humanos.

Las continuas operaciones de “zona gris” desplegadas por la RPC contra Taiwán, así como las medidas de coerción económica dirigidas tanto a Taiwán como a otros países, constituyen la verdadera amenaza a la paz y la estabilidad regional, así como al orden internacional basado en normas.

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