Tomateros hablan de “situación crítica” y reclaman canales de comercialización y mejores precios
Los productores de tomate del departamento de Caaguazú están atravesando una de las peores crisis de los últimos años: venden tan barato que ni siquiera cubren el costo del flete. En las fincas, el tomate se está pagando entre G. 700 y G. 1.000 por kilo, un valor que queda muy por debajo del costo real de producción y que, además, no alcanza para cubrir los gastos básicos de traslado y empaque.
Una caja de 20 kilos apenas llega a G. 40.000, pero entre el flete, las cajas y la mano de obra para cosechar, los productores deben desembolsar casi lo mismo. El resultado es devastador: vender les genera pérdida, y muchas veces prefieren dejar el producto en la planta antes que asumir más gastos.
La situación es tan crítica que toneladas de tomate quedan sin comercializar. Parte de la producción termina regalándose o directamente desechándose porque sacarla del campo cuesta más de lo que paga el mercado. Los agricultores aseguran que, con costos reales de entre G. 4.000 y G. 5.000 por kilo, es imposible sostenerse con los valores actuales.
La supuesta “superproducción” que se menciona desde algunos sectores no se refleja en las fincas, según afirman los productores, quienes insisten en que el problema no es exceso de oferta, sino falta de canales de comercialización y precios que no respetan ni los gastos mínimos.







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